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Acariciando al caballo iniciamos la hipoterapia.

11 marzo 2013

¿Cómo comenzamos las sesiones de hipoterapia?

Podemos afirmar que la hipoterapia comienza en el mismo instante en que el niño llena sus pulmones de aire limpio, nota el sol en su piel y percibe la paz del ambiente. El primer paso es cuando  el paciente entabla contacto con el caballo. Este paso, se da acercándose al animal y teniendo un contacto físico con él, acariciándolo, que el niño sienta su tacto, su musculoso cuerpo y la suavidad de su morro.   Tener un tiempo de relación antes y después de la sesión, ofrecerle una golosina (zanahorias, manzanas…) cuando nos despedimos del caballo, estrecha los lazos jinete-caballo. No se pide que el paciente aprenda a montar, sino que, situado sobre el caballo y acompañado por el fisioterapeuta y el experto en equitación, adopte varias posiciones que faciliten la circulación sanguínea, mejoren el equilibrio y el sentido espacial. Cuando vamos subidos a un caballo que marcha al paso, se asegura el ejercicio de la pelvis y la espina dorsal.

Unos 110 movimientos diferentes transmite el caballo al andar al jinete; no hay músculo ni zona corporal al que no se transmita un estímulo.

Un aspecto importantísimo de la hipoterapia es que el niño asume esta terapia como una actividad lúdica. Se encuentra lejos de las camillas de hospital y de los lugares convencionales de fisioterapia, apartado de cualquier máquina y está distraído, rodeado de un ambiente divertido mientras su sistema nervioso central, está trabajando y obteniendo los resultados deseados.


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